Entrevista
realizada por el subastador Eduardo Corbo el 25 de Octubre de 2000 a la Sra. Rosario Castellanos, con
motivo de la subasta en nuestra casa de la biblioteca de sus padres e
historiadores, Sr. Alfredo Castellanos y Sra. Aurora Capillas de
Castellanos, en el mes de Noviembre.
E. CORBO: Cómo formaron sus padres la biblioteca motivo de la futura subasta?
R. CASTELLANOS: Mi hermana y yo conocimos una biblioteca que se había iniciado
seguramente mucho antes de nuestros respectivos nacimientos.Mis
padres fueron ante todo grandes lectores desde muy jóvenes.
Compartieron
el interés por la lectura de libros y revistas de temas y autores
diversos tal cual fue la característica de una generación de
intelectuales cuya formación tuvo esa impronta universal y
fundamentalmente europea que caracterizó nuestra cultura.
Estudiantes
de Derecho, se interesaron por la Historia al comienzo mismo de su vida
de estudiantes.
Mi
madre se inició en la docencia de Historia Nacional con un grupo de
alumnas del liceo Santo Domingo a poco de egresar ella misma de ese
Liceo.
Mi
padre, también muy joven, comenzó como profesor de Historia del Arte
en liceos oficiales.
Mi
madre se mantuvo siempre dentro de la docencia y la investigación de
Historia Nacional y Americana, mientras que mi padre continuó su
carrera docente dando clases de Historia Universal y finalmente de
Historia Nacional y Americana. A
esta última y definitiva especialización dedicó también su trabajo
de investigación y toda su obra escrita.
E. CORBO: Porqué encontramos entre sus libros
tantos otros temas más allá de la Historia Nacional?
R. CASTELLANOS: Si bien como le explicaba antes, ambos se dedicaron fundamentalmente al
estudio y docencia de esa materia, nunca fue el único tema de interés
a la hora de comprar un libro y acrecentar su biblioteca. En el caso de
mi padre, siempre confesó su pasión por la literatura y habiendo sido
un lector fanático de autores españoles, recuerdo su vuelco a los
escritores latinoamericanos cuando el “boom” de la literatura del
continente.
Mi
madre, lectora de poesía desde su juventud, se concentró más en su
materia pero nunca abandonó el interés por el arte y a los libros sumó
dibujos, pinturas y grabados de artistas nacionales que colgaba en las
paredes de mi casa en cuanto espacio libre dejaban las bibliotecas.
Historia,
literatura, arte, filosofía, ciencia, política, educación, teatro,
cine, temas todos de su interés que se integraron a su biblioteca, a las tertulias de amigos y la sobremesa familiar.
E. CORBO: Sus padres fueron historiadores y
profesores; cómo era la relación entre ellos y con los libros?
En
mi casa los libros y el estudio ocuparon un lugar preferencial. Para
ellos resultaban esenciales a su trabajo. A medida que aumentaban se
agregaban bibliotecas pero también ocupaban espacio en sus escritorios
y siempre había una pila en las mesas de luz. Cuando nos mudamos a la
que habría de ser nuestra casa definitiva, fueron 100 cajones de libros
que el personal de la empresa de mudanzas miraba con desesperación por
el peso a transportar.
La
biblioteca era un "bien común”. Nunca compartieron una
investigación ni escribieron juntos, pero en cada caso el estudio de
uno era motivo de intercambio, de análisis y conclusiones y apenas uno
de ellos terminaba un trabajo era el otro el primero en leerlo y dar su
opinión que, dicho sea de paso, era siempre de aprobación.
E. CORBO: Qué relación tienen sus hijas con el libro, buena o mala?
R. CASTELLANOS: Los libros nos acompañaron durante toda la vida. Formaron parte del
entorno en el que crecimos felices. No podemos sino tener con ellos una
entrañable relación.
Recuerdo
las mañanas del domingo en la feria de Tristán Narvaja metida toda la
familia en el sótano de un librero "de viejo” llamado Berouhet
que cubierto de polvo su traje gris, tan viejo y sucio como todo el
entorno, iba sacando libros de estantes destartalados que finalmente
terminaban en casa.
O
subida a aquella escalera altísima que recorría las estanterías de la
Librería Monteverde, desde donde le leía a mi madre los títulos de
reciente aparición que ella luego seleccionaba.
E. CORBO: Conservan ustedes parte de los libros que formaron la biblioteca?
R. CASTELLANOS: Ni mi hermana ni yo nos dedicamos a la historia. Mantener aquella
biblioteca que en gran parte no íbamos a utilizar nos pareció injusto
para con aquellos que sí podían darle uso. Como dije antes, los libros
en casa fueron material de estudio, nunca objetos decorativos.
También
es cierto que el mantenimiento de los mismos, que mi padre no delegaba
bajo ningún concepto, es muy trabajoso. Recordamos el celo con que, ya
octogenario, les quitaba el polvo, uno por uno, trepado en una escalera.
Decidir el remate no nos fue fácil porque aunque nunca los abriéramos,
allí desde sus lomos en la biblioteca nos traían gratos recuerdos.
Pero
los libros deben ser leídos y es por ello que optamos por realizar el
remate de gran parte de ellos, salvo aquellos que mi hermana y yo seguíamos
utilizando en nuestras respectivas actividades, y obviamente todo lo que
ellos escribieron.
Y
sí, quedan algunos de sus libros en nuestras casas. Es una manera de sentir que ellos están presentes desde sus páginas
subrayadas, comentarios y notas al margen del texto y procuraremos que
también nuestras bibliotecas crezcan y los libros nos acompañen
siempre.
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